La poesía necesita llegar a lo que es intuido por la persona, precisar en un idioma
singular lo que el cotidiano no obliga. Y eso es lo que hace la épica, busca sobrepasar el sentido material.
La imagen poética es suceso y no cuerpo, por ello siempre esta en novedad, renovación y tensión dentro del poeta.
La poesía no pretende alterar el orden establecido por el lenguaje en el mundo, ya que ni siquiera ha de ser considerado como un imperativo al que hay que tener en cuenta. Sin embargo es ajena a ese orden establecido o marcado por el lenguaje en un difícil sistema de equivalencias, el mismo que encadena y fuerza a entender la realidad con representaciones contemplativas anteriormente pensadas.
Ejemplo de imagen poética:
José Gorostiza
Muerte sin fin
No obstante -oh paradoja- constreñida
Por el rigor del vaso que la aclara,
El agua toma forma.
En él se asienta, se ahonda y edifica,
Cumple una edad amarga de silencios
Y un reposo gentil de muerte niña
Sonriente, que desflora
Un más allá de pájaros
En desbandada.
En la red de cristal que la estrangula,
Allí como en el agua de un espejo,
Se reconoce;
Atada allí, gota con gota,
Marchito el tropo de espuma en la garganta.
¡Qué desnudez de agua tan intensa,
Qué agua tan agua,
Está en su orbe tornasol soñando,
Cantando ya una sed de hielo justo!
El poema escrito por José Gorostiza demuestra una desautomatización que implica el uso diferente de los usos habituales del un termino que confiere el uso poético de la lengua que permite descubrir la posibilidad de crear varias realidades con otras imágenes, otras ideas, en definitiva con “otras” sobre los mismos asuntos cotidianos, asuntos en los cuales se encuentran involucrados los seres humanos desde su creación al punto de que fueron capaces de crear o inventar el rostro del creador.
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