martes, 11 de mayo de 2010

El modernismo en el Ecuador

Nunca ha de ser amor el que encontremos
Después de que la vida revolvamos
Da tanto rebuscar...
Amor será el que en vano rebusquemos:
El fantasma del sueño que encontramos
Un día, sin desear!

Humberto Fierro

El Modernismo fue una corriente hispanoamericana cuyo inicio fue alrededor de 1880 y culmino aproximadamente en 1920.

En este corto pero muy exitoso periodo se hicieron demostraciones de muy depurada calidad tanto en la prosa como en el verso, poemas impecables, cuen­tos de extremada finura, novelas con gran estilo, crónicas y ensayos. Por lo tanto resul­ta indiscutible la condición altamente estética del Modernismo.

En Ecuador, los modernistas ecuatorianos cono­cían lo que con tanta brillantez se había lo­grado bajo el ademán conductor de Rubén Darío, a lo largo del continente. Pero conocían tam­bién a los representantes franceses como Baudelaire, Hugo, Rimbaud y Verlaine, pero además en el Ecuador ya se contaba con un predecesor, Francisco Falquez Ampuero.

Aquí aparece “La Generación Decapitada”, la misma que fue una agrupación literaria, formada por cuatro poetas jóvenes ecuatorianos (dos guayaquileños y dos quiteños) en las primeras décadas del siglo XX.

A esta agrupación se la nombró "decapitada" por el hecho de que los cuatro poetas murieron muy jóvenes, Silva (21), Borja (20), Fierro (39), Noboa (38) y su muerte fue por mano propia. Cabe destacar el hecho de que aunque ellos se conocieron en vida e incluso se dedicaron poemas, nunca tuvieron una reunión para crear propiamente una agrupación literaria.

La denominación de "generación decapitada" nació a mediados del siglo XX, cuando algunos periodistas e historiadores ecuatorianos decidieron nombrarla al notar similitudes poéticas entre los integrantes.

La brevedad de la existencia de estos poetas, la atmósfe­ra de bohemia en que se aniquilaron y el des­precio por la notoriedad literaria, son las bases que permitieron la conspiración sin duda contra la plenitud y extensión de la obra que los modernistas ecuatorianos, pertenecientes a este grupo dejaron.

Al hablar sobre cada uno de ellos se diría que: Arturo Borja fue un escritor nato, y esto se expresaba en tres o cuatro de sus mejores poemas, pero nunca alcanzó la madurez que merecía. Humberto Fierro amó la selección, el verso trabajosamente pensado, que destella en ciertas expresiones afortunadas pero descubre el artificio y la rigi­dez en otras, sin embargo le faltaba la exaltación lírica de sus compañeros. Medardo Ángel Silva fue el que mejor llegó a la sensibilidad popular, el más ambicioso de todos. Se le reconocían ap­titudes geniales. Hizo poemas admirables que son escuchados en forma de música en el ecuatoriano Julio Jaramillo, uno de ellos “El alma en los labios”, pero a menudo cayó también en la creación me­diocre, esto por la prisa y la excesiva juventud. El más completo de la generación fue Ernesto Noboa Caamaño. Poseyó como ninguno la técnica del verso. Fue el más homogéneo. El que se acopló de mejor manera al Moder­nismo hispanoamericano y sigue siendo uno de los poetas líricos más notables del Ecuador.

La mayoría de ellos dejaron claro su estilo de poesía depresiva, melancólica llena de hermosos versos de amor extremis llamando, tal vez sin querer, a la muerte en forma de musa inspiradora quien se los llevaría muy jóvenes.

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